Donde mejor se aprende a bailar es bailando

Bailar mucho, es es lo mejor que puedes hacer para dominar el baile de la salsa.
Cuanto más bailes, mejor lo harás.

Salir a bailar salsa es el mejor consejo que doy a quienes quieren aprender a bailar salsa en un tiempo razonable, pero por motivos tal vez de timidez o inseguridad, no todo el mundo sigue sino todo lo contrario: hay muchas personas que prefieren estar más tiempo en clase aprendiendo a bailar, antes de salir a las discotecas a soltarse con esas nuevas habilidades que el baile les ha proporcionado o les está proporcionando.

No es una idea tan descabellada, pero a diferencia de otros conocimientos como pudieran ser por poner un ejemplo la conducción de vehículos a motor, el baile es algo que desde el primer día puedes intentar practicar por tu cuenta con personas desconocidas, en la total confianza que si algo sale mal, no ocurre absolutamente nada malo. Salvo que pises con furia a tu pareja, claro.

Pero claro que no todo el mundo viene a las clases de baile con la misma idea de aprender para luego bailar en los bares y discotecas, que hay quienes se sienten atraídos simplemente por la idea de echar un rato agradable con otras personas atraídas por la misma afición al baile, y para ello las clases de salsa son un lugar insustituíble, sin los inconvenientes de los bares, que son para lo que son, para lo que siempre han sido.

Por unos u otros motivos, cuanto más practiques mejor lo harás. Como el sexo o besar, vamos. Vestidos, eso sí.

Así que ya sabes, baila todo lo que puedas.

Flexibilidad y riqueza de los pasos de salsa

Cada bailarín puede inventarse los pasos que desee de salsa.
¿Son ilimitados los pasos de salsa?

Una de las cosas más bonitas que encuentro en la salsa a diferencia de otro tipo de bailes como por ejemplo pueden ser las sevillanas, es que no hay un fijo encorsetamiento en los pasos o figuras que una pareja pueda decidir o no de bailar. La espontaneidad y la improvisación son algo esencial al baile salsero.

Esta flexibilidad que nos otorga la salsa a los bailarines, hace que sea muy raro, difícil o incluso me atrevería a decir que imposible, el encontrar a dos bailarines que bailen exactamente los mismos pasos o figuras y en el mismo orden, salvo que procedan de la misma escuela de baile y se encuentre precisamente practicando lo último que en clase hayan aprendido, que ya sería casualidad salvo que hayan acudido juntos a ese mismo local.

También permite que se puedan adoptar parte de otros bailes, para en la medida de lo posible incorporarlas el elenco de rutinas, pasos o figuras que cualquier salsero o salsera ya tenga interiorizado, haciendo que aún cuando bailemos siempre lo mismo o así lo parezca, cada ejecución sea totalmente distintas a las anteriores, enriqueciendo la vistosidad del baile, sobre todo si se hace un baile de salsa para una boda.