Los brazos en la salsa

La mejor postura para aprender a bailar salsa
Los brazos al bailar salsa

Como todos sabemos, hay bailes en los que el movimiento de los brazos es fundamental, como sucede en las sevillanas (para el caso de la mujer) o en muchas coreografías de danza del vientre.

Opino que en la salsa el movimiento de los brazos no es algo imprescindible. Es más, soy bastante reacia a moverlos, porque estoy acostumbrada a ver adornos de brazos y manos muy forzados y antinaturales que pienso que, más que nada, afean las figuras.

Pero si te sientes cómoda adornando tu baile con movimientos de brazos, al menos deberías tener en cuenta algunas cosas:

  1. Usa los brazos para adornar y enmarcar, pero nunca para molestar. Si tu brazo va a acabar estampado en la cara de otros bailarines, o en la de tu pareja, mejor déjalos quietos, pegados a tu cuerpo con una pose lo más elegante posible. Además, si braceas en exceso, le harás muy difícil la vida salsera a tu pareja: el hombre necesita continuamente tirar de tus manos para marcarte las figuras. Si no eres capaz de tenerlos a su disposición con la suficiente agilidad, no deberías moverlos tanto, o no le dejarás bailar a gusto y no querrá sacarte más.
  2. No copies. Si tratas de imitar la postura de los brazos y manos de tu profesor o profesora de baile, el resultado dejará mucho que desear. Cada persona tiene su estilo y las imitaciones no quedan bien. La mayoría de las profesoras de salsa tienen –para mí- la mala costumbre de hacer posturas muy forzadas tanto con brazos como con manos y dedos. A mí no me gustan. Encuentra tu estilo, aquel en el que te sientas cómoda y te salga natural. Si no lo encuentras, es mucho mejor que dejes los brazos quietos.
  3. Hazte grande. Eso me lo enseñó una profesora de sevillanas, que nos explicaba que en ese baile era muy importante la postura correcta de los brazos, pues era el marco dentro del cual ibas a lucirte. También me lo enseñaron todas mis profesoras de danza árabe. Unos brazos mal colocados arruinan la figura de baile más elaborada y más perfectamente ejecutada. No dejes los brazos encogidos. Si vas a moverlos, estíralos, que sean como una prolongación de ti, como si quisieras crecer más allá de su alcance. Mientras más crezcas, más grande te ven los demás y más bonito queda. Si no te gusta y no te sientes segura, no muevas los brazos. Es mucho mejor.
  4. Usa los brazos para expresar tu sensualidad. Eso me lo enseñó el Capitán Monotonía, profesor de salsa aburrido donde los haya. “El brazo derecho es propiedad del hombre, pero con el izquierdo, en las aspirinas, me peino, femenina y sensual, y me acaricio, me meto mano…”. Si tienes un mal día y la sensualidad no está por la labor, deja tu brazo pegado al cuerpo, ligeramente flexionado y con la mano a la altura del ombligo. Ya estarás más sensible otro día y seguramente te saldrá sola la autocaricia.

Y sobre todo, yo insisto en que debes encontrar tu estilo. Tu estilo es aquel con el que te sientas cómoda. Practica delante del espejo, hazte grande y muévete de tal forma que acabes admirando y deleitándote con la imagen que ves reflejada.

Cuando te gustes, empezarás a saber bailar.

Autor: Vanesa